A un niño de 2 años en los EE. UU. le diagnosticaron una enfermedad del siglo XVIII.
Lo llevaron a urgencias porque dejó de caminar.
Sin traumatismo. Sin caída. Simplemente dejó de apoyar el peso en las piernas lentamente durante 6 semanas hasta que gateó en lugar de caminar. Tenía las encías inflamadas y sangrantes. Tenía sarpullido. Sangrado puntual debajo de la piel. Dolor en ambas piernas. Disminución del tono muscular. Mantenía las piernas en posición de ancas de rana y gritaba cuando alguien las tocaba. Los médicos sospecharon de todo.
Primera visita: posible fractura. Los ortopedistas recomendaron repetir las imágenes. Cuatro semanas después empeoró.
Segunda visita: preocupación por leucemia. Luego preocupación por traumatismo no accidental. Se llamó a los servicios de protección infantil. Luego comenzó la evaluación
- Tomografía computarizada de ambas piernas. Sin fractura.
- Resonancia magnética de cabeza y columna. Normal.
- Punción lumbar para descartar síndrome de Guillain-Barré. Normal.
- Marcadores inflamatorios. Normal. > Enzimas musculares. Normal.
- Prueba de detección de metales pesados. Negativo.
- Vitamina D y B12. Normal.
- Biopsia de médula ósea para descartar cáncer. Normal.
- Electromiografía. Normal.
- Biopsia muscular. Normal.
Semanas de pruebas. Múltiples traslados hospitalarios. Procedimientos invasivos en un niño pequeño. Sus padres vieron cómo pinchaban, escaneaban y biopsiaban a su hijo mientras nadie podía decirles qué le pasaba.
Entonces alguien hizo la pregunta correcta.
¿Qué come? Leche con chocolate y galletas graham. Esa era toda su dieta.
Su madre había mencionado que era quisquilloso para comer en la primera visita. Nadie le dio seguimiento.
Su nivel de vitamina C fue inferior a 0,1 mg por decilitro. Tenía escorbuto.
La misma enfermedad que aniquiló tripulaciones enteras durante la Era de la Exploración. La misma enfermedad que la Armada Británica solucionó en 1795 dando jugo de limón a los marineros.
El escorbuto afecta la producción de colágeno y compromete la integridad de los vasos sanguíneos. Eso explica el sangrado de encías. El sarpullido. La elevación del periostio en la resonancia magnética. El dolor óseo. La incapacidad para caminar. Cada síntoma apuntaba a una cosa y tardó meses en llegar a ella.
Empezó a tomar suplementos de vitamina C. En una semana, ya podía mover las piernas. A los 4 meses ya caminaba y su hemoglobina era normal. Todo el estudio podría haberse evitado con una historia clínica detallada en la primera visita. Contamos con resonancias magnéticas, biopsias de médula ósea y perfiles genéticos. Pero la herramienta de diagnóstico más poderosa en medicina sigue siendo preguntar a los padres qué cena su hijo. Todo ese estudio exhaustivo podría haberse reemplazado por una conversación de 5 minutos sobre comida.


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